El horizonte negro de Djokovic: peligran el número uno, Roland Garros, Wimbledon y el US Open
Se queda el torneo vacío del campeón de nueve ediciones, nadie más grande que él en Melbourne Park y con una racha de las tres últimas ediciones grabando su nombre en la copa. Como decía Rafael Nadal el viernes, «el Abierto de Australia será un estupendo Abierto de Australia con él o sin él», pero qué duda cabe de que el agujero que deja será una nube que pulule por el recinto durante y después de que concluya. Porque el escenario estaba pintado para que Djokovic pudiera seguir escribiendo la bonita historia de amor: de ganar, hubiera sido su décimo título y se hubiera impulsado hasta lo más alto del Olimpo al superar a Nadal y Federer en número de Grand Slams. Pero los acontecimientos de los últimos días han acabado por manchar la relación con Australia, marcada para siempre con estas imágenes muy alejadas del deporte de Djokovic en los juzgados, detenido, en un coche policial o recogiendo las maletas para poner rumbo a Europa solo once días después de su llegada; con su nombre inscrito en el orden de juego por unas horas, pero sin haber pisado la Rod Laver en el estreno del torneo como manda la tradición y que el de Belgrado ha cumplido de forma estricta en nueve ocasiones.
Si París es territorio Nadal y Wimbledon es el jardín de Federer, Australia es el cortijo de Djokovic. Es su torneo fetiche. Igual que el balear se conoce cada detalle de la Philippe Chatrier, el serbio controla como nadie la rapidez de la superficie de la Rod Laver. Y la presión que supone un Grand Slam que llega con la incógnita de todos, casi al principio del curso, cuando los tenistas todavía se desperezan de la pretemporada. Fue aquí, en Melbourne Park, su bautismo: primer título de los grandes, en 2008, con 20 años. Aquí se fue convirtiendo en candidato para la historia, tres besos a la copa de 2011 a 2013, dos seguidos en 2015 y 2016 y otros tres consecutivos desde 2019. Y aquí, en 2022, llegaba para cerrar la promesa: ser el mejor. Sin el suizo por lesión y con el español recién salido de un parón de casi seis meses, tenía una opción magnífica para grabar su nombre en la eternidad: 21 Grand Slams.
Pero Australia le ha sido esquiva esta vez para mantener el idilio de éxito. Y no fue un rival, sino la Justicia quien ha dejado al serbio sin torneo, sin trofeo y con una mancha difícil de limpiar. Tres jueces del Tribunal Federal de Melbourne anularon la apelación del serbio y ratificaron, por el contrario, la decisión del ministro de Inmigración, Alex Hawkes, de volver a cancelar su visado y deportarlo del país aunque tanto su pasaporte como su exención médica fueran válidas.
Djokovic llegó a Melbourne con un permiso otorgado por Tennis Australia y la organización del torneo por la que podía jugar sin haberse vacunado, y un visado que, aunque contenía ciertas irregularidades sobre un código QR que ofrecía el resultado de la PCR que expuso como justificación para no vacunarse y sobre sus respuestas negativas a no haber viajado antes de llegar a Australia -viajó a España a finales de diciembre-, fue validado por el juez Anthony Kelly, que rechazó la primera cancelación que se le impuso al serbio tras su entrevista con las Fuerzas Fronterizas.
Mal ejemplo
No obstante, el Gobierno australiano ha impuesto su criterio de considerar al de Belgrado un mal ejemplo por su negativa a vacunarse contra el coronavirus y por su comportamiento posterior a saberse contagiado. La popularidad del tenista podía provocar una corriente antivacunas que no se podía permitir una población que había sufrido uno de los confinamientos más estrictos durante la pandemia en 2020. «Djokovic podía haberse vacunado y no lo hizo, esa fue su elección. Deja claro que tiene un sentimiento público antivacunas. Su presencia puede alimentar esa posición antivacunas», insistió en el juicio Stephen Lloyd, representante del Gobierno. Y aunque los abogados del tenista insistieron en que no había pruebas de que pudiera llevar a más gente a rechazar las dosis, el Tribunal no dejó lugar a otra opinión ni a recurso. «La decisión de esta cancelación fue establecida por motivos de salud, seguridad y orden público, con la razón del interés general», expuso Scott Morrison, primer ministro australiano.
«Estoy extremadamente decepcionado con la resolución del Tribunal por la que se anula mi apelación para revisar la cancelación de mi visado que decidió el ministro de Inmigración. Me siento incómodo por haber sido el centro de atención estos días y espero que ahora los focos se sitúen en el tenis y en el torneo que amo. Me tomaré algún tiempo para descansar y recuperarme antes de hacer otros comentarios más allá de este», expuso Djokovic en su primer comunicado público desde que anunciara su llegada a las Antípodas el día 4 de enero. Han sido once días de largas entrevistas con las Fuerzas Fronterizas, detenciones y revolución también en las calles, convertido el caso Djokovic en un asunto de estado entre Serbia y Australia. «La resolución es un escándalo. Es increíble que haya dos decisiones judiciales completamente distintas en el plazo de dos días», expuso la primera ministra serbia. Para el presidente, Aleksandar Vucic, Djokovic ha sido víctima de una caza de brujas: «Han maltratado a un tenista durante diez días para concluir con una decisión que tenían desde el primer día».
Djokovic llegaba para hacer historia sobre la pista y se marcha sin pisarla más que en algún entrenamiento. Regresó ayer a Europa, vía Dubái, en el mismo trayecto que en la ida. Se enfrenta, además, a un castigo de tres años sin pisar su tierra prometida, aunque Morrison ha dejado un pequeño resquicio que le permitiría entrar en 2023 si se «cumplen ciertas circunstancias». Una dolorosa derrota en su cortijo, donde nadie es mejor que él, y que puede servir de precedente para el futuro: Estados Unidos puede denegarle la entrada, y la participación en el US Open, al no estar vacunado. Roland Garros y Wimbledon sí podrían permitirle el acceso. El idilio con Australia se rompe con un capítulo difícil de olvidar y limpiar en la historia de ambos.
Las consecuencias de su obstinación
Sin el Grand Slam 21: El serbio no podrá alcanzar, por ahora, la cifra de diez títulos en Australia ni, claro, lograr el Grand Slam 21. Es su empeño desde hace años, superar en número de ‘grandes’ a Nadal y a Federer, pero solo el español tiene ahora esa opción. El suizo sigue de baja.
En peligro el número 1: En Melbourne, Djokovic ha ganado nueve veces, pero al no defender corona este año se le restarán los 2.000 del pasado. Permite a Medvedev, al que le separan 2.080 puntos, poder arrebatarle el número 1 si gana el torneo.
Tres años de castigo: Además de la deportación, el serbio se enfrenta a un castigo de tres años sin pisar tierras australianas. Dependerá de si el curso que viene se olvidan de estos días y el Gobierno le ofrece una invitación y si se cumplen unas «circunstancias adecuadas».
Francia cambia de opinión: El gobierno galo cambió de parecer y finalmente no habrá excepciones en los requisitos sanitarios para los torneos internacionales. Su Parlamento ha aprobado un proyecto de ley que impondrá un certificado de vacunación para muchas actividades de la vida social, incluida la asistencia a espectáculos deportivos.
Wimbledon, en duda: Hay más dudas con el torneo inglés, pues el Reino Unido todavía no ha indicado cómo serán sus normas anticoronavirus.
Sin vacuna, sin US Open: Estados Unidos sí tiene una política estricta y no se le permitirá entrar en el país sin vacuna. No jugaría la gira de pista dura de marzo ni el último Grand Slam del año, que ha ganado tres veces.