2,94 euros. Esa es la frontera conquistada, el cerro recuperado en la batalla, el amor correspondido del macho alfa, el sucedáneo de un triunfo que, después de todo, vuelve a dejarnos vacíos. El precio de un palito que te metes por la nariz se ha convertido en el Kraken que barruntaba nuestro final si no era capturado vivo o muerto, destrozado para poder ser felices.
La conquista del precio de un test de antígenos nos ha proporcionado un clímax tan exiguo como la invasión de Santiago Abascal en Pingüinos este fin de semana. No hacían falta letras blancas sobre fondo verde, sólo se necesitaba un armatoste de dos ruedas que hiciera un ruido blasfemo, acelerones, olor a goma quemada, tubos de...
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