Desde las antípodas, le ha llegado a la arrogante Europa, madre de la democracia, dueña de imperios, cuna del saber, una lección sobre el Estado de derecho. Australia, elegida en su día por los ingleses como cárcel para encerrar a sus mayores delincuentes, acaba de recordarnos algo que estábamos olvidando: que nadie está por encima de la ley.
Su Gobierno y su Corte Federal, o Tribunal Constitucional, han rechazado por unanimidad las alegaciones de Novak Djokovic contra la decisión del ministro de Inmigración de retirarle el visado de entrada al país por razones de salud y orden público, lo que le impide participar en el Open que hoy comienza y que esperaba ganar, como ha hecho ya en nueve ocasiones.
Su reacción...
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