Siempre he preferido a los Stones que a los Beatles, a Mourinho que a Guardiola, a Maradona que a Pelé. Siento una simpatía irrefrenable hacia los malos oficiales, hacia los que deciden salirse de esa condena que es el amor del público y osan ser ellos mismos a pesar de todo, digan lo que digan los puritanos y su veneno, los expertos y sus traumas. Decepcionar es un imperativo y atreverse a decir ‘no’ al aplauso es el mayor grado de valentía. Porque cuando dices ‘no’ a algo, estás diciendo, de modo implícito sí a otras cosas, aunque queden ocultas por la sordina de lo no dicho. Y claro, a veces casi nadie se entera de nada. Ni falta que...
Ver Más