Miquel Iceta lee a Jean D’Ormesson. Al menos ha leído «Je diré malgré tout que cette vie fut belle». Si no hubiéramos tenido (tuviéramos) una pandemia, Salvador Illa no sería candidato a presidir el Gobierno catalán. No lo es porque se haya erigido en una especie de Balmis o Fleming. Aunque, como dice Arcadi, es un avance pasar de un delincuente a un incompetente. El virus ha hecho a Illa protagonista. Illa es muy amable, como los Fernández, pero su protagonismo es como el de Hannibal Lecter o Dexter. Gente que cae bien, pero no porque estén en el lado correcto. Illa no es el bueno de la película. No hay bueno cuando España ha tenido una gestión horrible. Que...
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