Crítica de «El año que dejamos de jugar»: El diario de Judith K
Dicho esto, que solo revela prejuicios míos, este trabajo no es de los peores dentro de este subgénero del «Kinder trauma». En parte porque evita escapes de la realidad y se centra de manera bastante concreta en los detalles cotidianos de una vida en el exilio: los juguetes, amiguitos y yayas que hay que dejar atrás, la dificultad de adaptación a entornos, idiomas y colegios nuevos, y el brutal descenso en el nivel de vida que te lleva a comer, cuando hay comida, cosas como quesos malolientes si emigras a Suiza o Francia. Debemos señalar que nada de esto resulta especialmente memorable; menos la ubicua niña protagonista, los personajes son poca cosa más que bocetos o emblemas (al ver ese padre tan soso uno no puede dejar de pensar en Henreid o Boyer, grandes emigrés del cine clásico); y, como digo, el mundo atroz que se estaba alumbrando apenas se vislumbra en una conversación sobre el triste destino de uno que quedó atrás.
Valoración de ABCPlay
Antonio Weinrichter