Llegué a El Cairo (“la victoriosa”) en septiembre de 2006. Me instalé en esta megalópolis de 16 millones de habitantes hasta junio del año siguiente. Ninguna otra capital alberga tal concentración de mausoleos, madrasas y mezquitas, con sus leyendas y cicatrices. Cada amanecer escuchaba la llamada a la oración desde sus minaretes. Deambulé por los bazares —especialmente Khan el-Khalili—, corazón palpitante de la ciudad. Pasillos estrechos, lámparas de latón, tazones de cobre grabados, olor a café... Читать дальше...