Cuando León XIV apareció en la logia central de la basílica de San Pedro , en su primer mensaje a la Iglesia y al mundo, con una sencillez que no necesitaba mostrar, hizo una confesión que pudiera parecer banal o evidente, pero no lo era. «Soy hijo de san Agustín, soy agustino –señaló–. Él dijo: «Con ustedes soy cristiano, para vosotros, obispo». Que caminemos todos juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado». Entonces recordé que, en los últimos momentos de su vida, Jean-Francois Lyotard... Читать дальше...