«El afeitador de muertos», el alma luminosa de los mendigos
«El afeitador de muertos», su última narración, es el intento más logrado por dotar a ese misterio de un alma. El personaje de esta novela, un prestigioso cirujano, Jorge Lavandeira «Toliño», a consecuencia de un accidente de tráfico en el que mueren su mujer, Soledad, y el hijo que espera, desaparece, «se desvanece», de su tierra natal, y reaparece, movido por una admiración manifiesta por el almirante Blas de Lezo, en Cartagena de Indias. En la ciudad colombiana trabaja en un restaurante hasta que es despedido, y al acabársele los ahorros que traía de España, su vida, esa segunda vida que lleva, se convierte en la de un vagabundo abandonado a la suerte.
La Santa Compaña
La soledad se le palía con la amistad que le profesa una vagabunda de origen gallego, Maruxa, que muere de repente. Por último, o eso creemos, Grelo, un perro es lo único que le queda ya a Toliño para acceder a los últimos escaños en que puede caer una persona, pero hete aquí que, al final, las almas de los muertos que afeitaba en un trabajo que consiguió en el Tanatorio Municipal le arrebatan el último hálito en una bellísima secuencia en una playa donde el alma asciende junto al agua que le rodea mientras un haz de luz que sale de ésta hace que Toliño se despida acompañado de la música de Mahler, Borodin, Tchaikovski...
Ni que decir tiene que esta escena final es un guiño a la terrible Santa Compaña, a las leyendas de San Andrés de Teixido, con ese hálito de la procesión de los muertos que recuerdan tanto a las leyendas artúricas... Otero Lastres ha conseguido aunar en feliz resolución una profunda descripción de la vida de los vagabundos con el tono de su tierra natal. La novela, en este sentido, es un hallazgo. Como nota final añadir que el dibujo de Eduardo Arroyo, que aparece en el libro hubiera sido idóneo como portada de la novela.
«El afeitador de muertos». José Manuel Otero Lastres
Narrativa. Almuzara, 2018. 135 páginas. 15,15 euros