«Las personas que no tienen síndrome de Down se enamoran y se casan. ¿Por qué nosotros no?»
«Cuando era más joven, nos llamaban subnormales y mongólicos, se nos insultaba. Ahora nos dicen que estamos enfermos», cuenta Trias para respaldar su tesis de que, pese a que la sociedad es más solidaria con el paso de los años, no lo es con las personas que tienen síndrome de Down. «Sigue habiendo discriminación», asegura, basándose en los casos recientes en los que se ha impedido la entrada en algún lugar a personas por tener síndrome de Down, como ocurrió en una discoteca de Lérida el verano pasado, o a una mujer en una charla comercial en Cuenca, tal como recogió ABC.
Pero hay otro tipo de actitud que tampoco es, a su juicio, adecuada, y aun así se sigue dando: la sobreprotección. Cuenta Trias que está harto de observar cómo hay mucha gente que, cuando convive o trabaja con una persona con síndrome de Down, está continuamente pendiente de lo que este hace: «En el trabajo, por ejemplo. Es muy injusto. A cualquier compañero de trabajo no se le da tanta importancia y en cambio a las personas que tenemos síndrome de Down, es con cualquier cosa que hacemos. Te dicen "cuidado", a ver qué hacemos, si lo hacemos bien, mal, "no lo hagas así, hazlo así...", siempre van corrigiendo lo que hacemos, y esto da mucha rabia».
Esta sobreprotección provoca también que en ocasiones sean los propios padres quienes no permiten a sus hijos con síndrome de Down tener su propia vida, por ejemplo con algo tan habitual como es formar una familia. El caso de Trias no es este, ya que está casado desde 2015 con la mujer a la que quiere y no le pusieron impedimento, pero reconoce que continúa habiendo personas con prejuicios sobre el matrimonio entre personas con síndrome de Down. «Las personas que no tienen síndrome de Down se enamoran, se casan... y yo me hago una pregunta: "¿Las personas con síndrome de Down por qué no?". Todos tenemos sentimientos. El sentimiento de enamorarse no solamente es para quienes no tienen síndrome de Down, es para todo el mundo», explica.
Trias y su mujer viven juntos y solos, decisión que pudieron llevar a cabo en parte gracias al programa de Vida Independiente que puso en marcha la Fundación. Para algunas gestiones, como ir al banco, hacer la lista de la compra o organizar sus vacaciones, cuentan con el apoyo de una persona que les ayuda, pero hay otro tipo de decisiones que no requieren de respaldo alguno. «Todo lo que sea cosas como hacer la cena, poner la mesa, decidir a qué hora nos vamos a dormir, etc. decidimos nosotros cómo lo hacemos», cuenta.
Además de ayudar a cambiar la mentalidad de la sociedad respecto a las personas con síndrome de Down, Andy Trias pretende que su libro sirva también para demostrar que pueden independizarse y vivir con quien ellos elijan: «Que tengan un poco más de confianza hacia nosotros. Que nos dejen elegir a nosotros».