Lo que Borges guardaba en su biblioteca y los libros que María Kodama nunca le regaló
«Él disfrutaba leyendo a otros autores y quería que el resto de los lectores también disfrutaran de ellos», ha explicado su viuda María Kodama durante la presentación del libro. Por su parte, Flores Maio ha insistido en lo que la biblioteca nos dice de Borges: los tratados de filosofía y religión que alberga constatan, a su juicio, que el autor seguía una filosofía de vida que «apunta a la felicidad», una felicidad que encontraba en la lectura y, en un grado menor, en la escritura.
De especial interés es la fijación que el escritor, agnóstico confeso, tenía por la Biblia, muy presente en este libro. Sin embargo, se trata de un interés literario: en las escrituras él encontraba una constante fuente de inspiración. Tal y como escribe Flores Maio en la introducción del libro, «para Borges el más curioso de esos textos es el libro de Job, donde la obra "se limita a ofrecernos espléndidas metáforas"».
Y más allá de la filosofía, los amores literarios del argentino. Por ejemplo, el Rudyard Kipling, sobre el que dijo que para alumbrar una obra tan diversa tuvo que pasar «muchas dichas y muchos pesares que no sabemos nunca». O el de Oscar Wilde, del que Borges admiraba el sabor de felicidad que había (que hay) en su obra, a pesar de sus pesares en vida: es decir, de la prisión y la condena que sufrió. Y, por supuesto, Dante, al que nunca dejó de leer (y escribir). Por el camino, también, Homero, Kafka, Ovidio, William Blake...
«Son los libros que leía y quería, los libros que no le gustaban desaparecían o los regalaba», ha contado Kodama sobre estos ejemplares, que tantas pasiones despertaron en el autor.
María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, durante la presentación «La Biblioteca de Borges»
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EFE
Aunque Kodama conoció a Borges cuando este ya estaba ciego, todavía recuerda cómo el argentino le pedía que le leyera fragmentos de obra para paladearlos. «Me decía que le buscase tal libro que se encontraba en tal estante. Tenía una memoria prodigiosa. Sabía dónde estaba cada uno de sus ejemplares», ha relatado Kodama. Además, con sorna, ha respondido a la gran pregunta: ¿Hay algún regalo suyo en la biblioteca de Borges? «Nunca le regalé libros, le regalaba otras cosas».
Según ha afimrado, las anotaciones de los libros de Borges le permitían perfeccionar su propia escritura. Lo hacía, por ejemplo, al detectar errores o al encontrar «la gran belleza» en los autores que admiraba.
Al preguntarle por sus títulos favoritos de, Kodama ha confesado que«'El Aleph» «siempre le pareció banal», algo que le dijo al propio Borges. Además, ha aseverado que si «solo pudiera salvar una de las obras» elegiría el cuento «Las Ruinas Circulares», que descubrió cuando solo contaba diez primaveras. «Él decía que nunca antes ni después había escrito un cuento con tanta intensidad», ha rematado.