La extraña opinión sobre el amor de una comensal de First Dates
First Dates, con Carlos Sobera al frente, sigue empeñándose en su tarea de erradicar la soltería en España. Tarea difícil la suya, pero no es esa razón paa claudicar. Por el plató de Cuatro han pasado los personajes más excéntricos que uno pueda imaginarse, y no pocos de ellos se han ido del programa acompañados. Ninguna misión es imposible.
Estrenó la noche Julia, una estudiante de psicología madrileña con la mayoría de edad recién cumplida y que tiene una teoría muy particular sobre las relaciones afectivas: «Las relaciones monógamas no tienen nada que ver con el amor», pontificó la experimentada muchacha. Otro madrileño, Simón, se sentó a cenar con la chica pero un pequeño obstáculo separaba a ambos comensales: nada menos que siete años más calzaba él que ella, algo que no parecía un problema para ninguno de los dos.
La cena fue de hecho bastante animada y surgió una cierta complicidad entre ambos, sin que llegasen a reconocer en el otro el amor de su vida. Julia confesó que echaba de menos en Simón un poco más de carácter y firmeza en sus palabras, aunque en líneas generales le gustó el chico. «Me gusta mazo comer, soy muy gocha», reconoció la chica, «si tuvieses que elegir sexo infinito o comer infinito, ¿qué elegirías?». Simón, con su tibieza característica, respondió que las dos, ni lo uno ni lo otro, un poco de cada. La falta de sangre del muchacho fue concluyente en la respuesta de Julia, que le dijo a Simón que «prefiero tenerte como amigo».
También muy jovencita era Irene, una estudiante de periodismo toledana que habla sobre sí misma sin tapujos: «Soy un poco paleta pero no pasa nada, no es nada malo si has vivido en un pueblo». Sus preferencias amorosas estaban claras, aunque pudieran resultar un poco chocantes: «Quiero a un chico un poco pasota, pero que me mande alguna señal que me haga pensar que le gusto». Acertaron entonces en First Dates poniéndole a cenar con Antonio, un madrileño de 21 años cubierto de tatuajes y aficionado a los coches tuneados. Ambos acabaron dándose una segunda oportunidad.
Pero sin duda el personaje de la noche fue Genis, un barcelonés de 56 años que se ganó la vida como informático aunque ahora ha decidido dedicarse a la gran pasión de su vida: ser actor. El catalán lucía una prominente barba que cultiva desde hace 30 años, según le confesó a Sobera. Su pareja fue Nuria, también barcelonesa de 50 años y también con vocación de actriz. Parecía que de la cena iba a salir una pareja segura, pero al poco de empezar surgieron los primeros desencuentros.
«No escucha», se quejó Nuria, «está siempre con su monólogo». Y en ese tono continuó toda la cena, con Genis contando su vida sin dar margen a su pareja para contestarle. Nuria llegó a hartarse, hasta que le dijo claramente a su pareja lo que pensaba de él: «Eres un poco egocéntrico». Así pues, Nuria acabó rechazando al bohemio comensal, del que dijo que «es muy interesante, pero como amigo».