Con el Papa León XIV ya en Barcelona, Madrid vive aún la resaca de cuatro días que quedarán para la historia. En las inmediaciones de la plaza de Lima y Cibeles, donde tuvieron lugar la Vigilia y la Santa Misa este fin de semana, todavía retiran los obreros las estructuras que ocupan parte del paisaje urbano. Ondean también las banderas vaticanas en los balcones de los vecinos y cuelgan en los quioscos las escasas sobras de bufandas diseñadas para la ocasión. Miles de fieles recordarán estos días como gloriosos, en los que en estos dos puntos llegaron a reunirse millones de personas. El impacto económico de su visita en la capital, según la Comunidad de Madrid, ha superado lo previsto,...
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