La Real hizo inmensamente, sin exagerar quizá eternamente feliz a miles de personas esta campaña con una hazaña que quedará guardada en la historia del club y en la mente de cada aficionado con muchísimo cariño. Un título de Copa del Rey Mapfre es mucho para la Real, pero más aún si lo es en una temporada que empezó con tantísimas dudas, y más aún si se gana junto a decenas de miles de aficionados que, al contrario que en la final eterna (por otros motivos) de 2021 ante el Athletic, inundaron de color txuri urdin Sevilla con amigos, familiares, parejas. Sin embargo, sin miedo a caer en un error, la gran mayoría de todos ellos, por no decir todos, llevaban ya varios días, semanas con muchas ganas de que la temporada acabara. Porque la Copa dejaba un sabor de boca dulcísimo que daba forma a la temporada. Pero también porque el equipo desconectó de tal manera en Liga que las malas sensaciones y resultados, porque han sido ocho jornadas consecutivas sin ganar, las siete últimas tras la final, terminaron provocando una sensación amarga que incomodaba, molestaba. Casi mejor que acabase todo para no hacerse más daño y no empañar un recuerdo feliz de unccurso histórico, sí, exitoso, sí, pero con una actuación liguera más que discutible que debe generar reflexión para el curso que viene, que será tan ilusionante como exigente con Europa y la Supercopa. Algunos necesitan resetear, pese a que a otros como
Óskarsson,
Rupérez, de vuelta por fin, los potrillos o
Marrero pueda quedarles corto el curso. Menos mal que se acabó la liga, no de la manera que
Aritz, al que ojalá le vaya genial, y la propia Real y su gente merecían.
Leer más
]]>