La "conversión" de Sánchez: de promotor de los funerales laicos a "monaguillo" del Papa León XIV
Pedro Sánchez siempre se ha declarado ateo. "A secas". En 2018, cuando logró hacerse con el poder tras la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy (por la corrupción, aquella que defendió José Luis Ábalos), se convirtió en el primer presidente del Gobierno de España que tomó posesión de su cargo en la Zarzuela sin la presencia de la Biblia ni el crucifijo. Tan solo la Constitución. Y una promesa, no un juramento. Un primer gesto que escondía una hoja de ruta de marcado carácter anticlerical.
Desde entonces, Pedro Sánchez ha apostado por una mayor separación entre el Estado y la confesión católica, pero no sólo: nunca ha felicitado la Navidad, ni la Pascua de Resurrección, ni ninguna festividad cristiana, y ha hecho todo lo posible por eludir cualquier tipo de celebración litúrgica. De hecho, no se le recuerda en misa, salvo contados funerales, como el de Guillermo Fernández Vara, presidente extremeño, que se celebró en una Iglesia de Olivenza.
Su presencia en la Sagrada Familia el próximo miércoles, por tanto, representa una novedad en su mandato. En realidad, toda la agenda de Sánchez durante el viaje apostólico que protagoniza León XIV estos días por España supone una anomalía con respecto a su secularizada trayectoria política. Ha pasado de ser el promotor de los funerales laicos, como aquel en memoria de las víctimas del coronavirus, o el que pretendió en Huelva -con poco éxito- para honrar a los muertos en el accidente ferroviario de Adamuz, a hacer de "monaguillo" del Santo Padre.
En concreto, Sánchez ha decidido apuntarse a un ramillete de actos de la intensa agenda del Pontífice en nuestro país: el primer recibimiento en Barajas, la posterior recepción oficial en el Palacio Real; una reunión institucional en la Nunciatura Apostólica (que el Gobierno pretendía que fuese en la Moncloa, pero la Santa Sede se negó), el encuentro con los representantes políticos en el Congreso de los Diputados; la Santa Misa en la Sagrada Familia de Barcelona y, finalmente, en Canarias, en el Puerto de Arguineguín, el rezo con inmigrantes.
La sospecha de la oposición
Además, Sánchez se desplazó hasta el Vaticano la semana pasada, el 27 de mayo, para departir con el Papa antes de su visita. Una reunión que quedó opacada por el estallido de escándalos de corrupción que le salpican en todos los niveles. En su rueda de prensa posterior al encuentro con León XIV, Sánchez apenas pudo fijar un mensaje. La atención se centró en las investigaciones judiciales a Zapatero, Ábalos, Cerdán, Leire y compañía.
Para la oposición, en realidad, la 'conversión' de Sánchez no es más que una mera pose. Un intento por sacar de la agenda mediática la corrupción que le asola y por enfocar la conversación pública en otras temáticas más favorables. Además, que el Gobierno pretende rentabilizar la visita del Papa en términos políticos, particularmente por la postura que mantiene la Iglesia con la inmigración.
Después de aprobar por la vía del decreto una discutida regularización masiva que ha contado con el aval crítico de la Conferencia Episcopal, Sánchez busca ahora escenificar un alineamiento con la doctrina social de la Iglesia. O lo que es lo mismo: que León XIV avale públicamente sus políticas. Soslaya, sin embargo, lo que dice la Iglesia en general, y el Papa en particular, sobre otras materias como el aborto o el matrimonio homosexual, de las que su Gobierno y la izquierda hacen bandera.